«Obra maestra», de Juan Tallón
“La historia que narra esta novela es del todo inverosímil… y, sin embargo, sucedió”.
Así encabeza la contraportada del libro. Y desde luego que no me encuentro ninguna mejor frase para hacerlo. Es inexplicable a todos los efectos que una obra de 38 toneladas de peso desaparezca.
Y así, con este hecho que en cierto modo conmocionó en su momento, el autor nos acaba introduciendo en otros temas que no dejan de tener su miga.
La novela está planteada como una obra coral. No es una obra al uso, sino que a partir del expediente judicial, el autor reconstruye puntos de vista, opiniones, entrevistas, etc. y entre medias da su punto de vista de lo que pudo haber ocurrido. Y ya puestos y con un punto humorístico también yo me planteo que justamente la Comisaría Nacional de Policía de Burgos, fue reconstruida justamente en esos años (la anterior sufrió un atentado de la banda terrorista ETA) con acero corten. Jajajajaja.
Pero, como ya he dicho, en medio de todo el meollo de lo que pudo ocurrir con la obra se abre uno de los principales interrogantes y es la naturaleza de lo que es el arte contemporáneo.
Dentro de las posibles explicaciones el propio Richard Serra habla de lo difícil que le resulta explicar lo que es la belleza, que a fin de cuentas no deja de ser un concepto subjetivo, si bien en cada época hay cánones que señalan qué es lo que se podría considerar bello. Él rechaza que los artistas busquen lo bello, sino que lo que quieren es hacer pensar. Ese punto de vista no es desdeñable. Entonces la belleza surge como el medio del que el artista se habría estado sirviendo para intentar hacer llegar su mensaje al espectador. Para Serra, entonces, la belleza carecería de importancia, porque no puede saber qué es lo que el espectador considera bello, por lo que para él lo importante, a fin de cuentas, es el propio mensaje. Y aquí es donde a mí me surge la duda, ¿entiende realmente el espectador dicho mensaje?
Bajo mi parecer, tengo mis dudas. A menos que entendamos como espectador no el que va a los museos y demás a contemplarlas o vivirlas si están en la calle, como en realidad los críticos y/o marchantes de arte o galeristas. Lo cual es otra cosa que no me termina de cuadrar. ¿Cómo va a ser buen crítico de arte alguien que se está codeando con el artista permanentemente? Aunque quizás se convierta en el depositario del mensaje del artista, puesto que es a quien le están informando continuamente y quien recibe las correspondientes explicaciones del artista.
La obra perdida de Serra, llamada Equal-Parallel/Guernica-Bengali, en realidad viene a que son paralelepípedos puestos de forma paralela. Y como según el autor, sus obras “pertenecen” a un único lugar, que es para el que han sido creadas, y esta escultura era para el Museo Reina Sofía y curiosamente la obra más representativa allí era el Guernica de Picasso, el autor se saca de la manga un paralelismo con un bombardeo reciente en Bengasi por parte de las tropas norteamericanas.
Esa “obra maestra” fuera del espacio y contexto para el que fue concebida no deja de ser un montón de acero corten sin mensaje que proporcionar.
¿Y si es la belleza, el medio del que se sirven los artistas para hacer llegar su mensaje, lo que realmente acaba proporcionando la inmortalidad? El mensaje, como todo aquel estudioso de la comunicación sabe, fuera de su contexto no es nada. Y el minimalismo de la obra de Serra, hizo que esas láminas de acero corten, abandonadas en una parcela en Arganda del Rey, pudiesen muy bien ser tomadas como chatarra.
Y ya como remate, nos topamos con la desidia funcionarial por duplicado. No solo por la negligente custodia del patrimonio pagado con el dinero de todos (¿de nadie según “feliz” ocurrencia del ministro de turno?) sino también por la desidia y el “Vuelva Vd. mañana” que nos persigue desde los tiempos de Larra respecto al expediente judicial y algo que debería ser de acceso público.
Miguel Ángel del Hoyo

