«Pájaros y brumas», de José María García González

Esta obra de José María García González cerró el curso literario del Club de Lectura el pasado 27 de mayo, paisaje y paisanaje hecho novela.

“Sí, te contaré cosas de allí, te hablaré de esa soledad, antaño habitada por gente admirable, sencilla y afanosa… Te hablaré de entonces para que no se pierda su memoria, para evitar que se borre, poco a poco, de las páginas de la vida”.

Son las palabras que Marcelo Gumbela le dice a su nieta Ana, quien le visita en la residencia en la que éste pasa los últimos años de su vida. Para él, es una manera de revivir un pasado, su pasado, más presente ahora que nunca. Para ella, la mejor forma de conocer precisamente ese pasado familiar en el valle burgalés de Las Caderechas.

Estas palabras resumen a la perfección el contenido de “Pájaros y brumas” (Editorial El último Dodo) que, a lo largo de sus 214 páginas, nos descubre el valle de las manzanas y cerezas y, sobre todo, la idiosincrasia de sus pobladores, sus usos y costumbres, sus rarezas y virtudes, porque “Pájaros y brumas” es eso, paisaje y paisanaje hechos novela.

Y su autor sabe bien de lo que escribe ya que, no en vano, es oriundo precisamente de este valle, en concreto de la localidad de Quintanaopio. Por eso describe con precisión cómo es el valle y cómo son sus vecinos, toda una galería de personajes curiosos, extravagantes, casi mágicos, que habitan estas tierras, pero que bien podríamos situar en el bosque encantado de Wenceslao Fernández Flórez o en cualquiera de las novelas del realismo mágico latinoamericano de mediados del siglo XX.

El Colmenero, Indalecio y Chiquita, su borriquilla, los gemelos, Don Cunqueiro y sus criaturas (Luciano, Roque y Cándido), el niño Ubaldito, que nunca crecía, Dolores y el perro Leal, Don Zenón y su historia de amor con Niña, Don Edmundo y Doña Granada, que se obstinó en ser guardesa de cruce con su bastón, son los principales personajes que pueblan el valle, y la novela, y que no dejan indiferente.

Pero también el paisaje cobra vida y Marcelo Gumbela le hablaba a su nieta del transcurrir de las estaciones en el valle, del río, de las voces, del cementerio… porque todo es una simbiosis, porque así era antes, porque antaño pueblo y poblador estaban enraizados, eran uno, indivisibles.

José María García González cuenta la historia pasada de Caderechas a través de la memoria y los recuerdos de un anciano que vienen y van, como los capítulos del libro, sin orden aparente, sobre un mismo entramado.

Con “Pájaros y brumas”, que pudimos comentar en nuestra sesión del 27 de mayo, los miembros del Club de Lectura hemos cerrado un curso literario rico en experiencias y estilos, desde novela gráfica, crónica periodística, novela negra, costumbrista o “histórico-deportiva”, por citar algunos.

También hemos disfrutado de encuentros literarios, como el vivido con María Boado Olabarrieta, quien nos presentó su primera novela “Cruce de Damas”, y con Víctor García Muñiz, quien nos ofreció otra visión de la Historia en “Victorias y derrotas”. Asimismo, visitamos Valladolid para descubrir los escenarios de la última novela de Delibes, “El hereje”, y nos acercamos también a la figura y obra de Saturnino Calleja en una visita al museo que lleva su nombre, ubicado en Quintanadueñas (Burgos).

Un año denso en lecturas y rico en experiencias. Ahora, toca seguir disfrutando de la lectura en verano para volver en septiembre dispuestos a comenzar un nuevo curso que, a buen seguro, volverá a llenar nuestras “mochilas” de vivencias compartidas que llenarán nuevas páginas de nuestras vidas. Si quieren unirse al Club, no lo duden. Serán bienvenidos. ¡Feliz verano! ¡Felices lecturas!

Vicky Rodríguez

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