Las trincheras de la esperanza, de Antonio Pampliega

Este libro no es una novela. No son tampoco relatos cortos. Tampoco es un ensayo. En realidad es un reportaje periodístico.

El libro, desde su portada, parece trasladar la idea de que se va a centrar exclusivamente en Alberto Cairo y cómo ha conseguido lo que ha conseguido en Afganistán. Pero en realidad es sobre el ser humano en sí mismo y en cómo la voluntad puede mover montañas.

Creo que el autor a veces se muestra dubitativo frente a la condición humana y da a mostrar en ocasiones una versión maniquea. Habría personas que son naturalmente buenas y otras que son naturalmente malas. Y serían estas últimas las que dominan la sociedad. Creo que un planteamiento de ese tipo me parece poco reflexivo y muy arquetípico. Me parece falso que el hombre no sea malo y echarle la culpa a «la sociedad» o «los otros» porque esos «otros» también son «unos» que tampoco se ven como malos sino que los hacen así. Es falso, erróneo. Cada uno escoge su camino. Unos más y otros menos. Pero la maldad es intrínseca al ser humano.

Uno de los puntos relevantes es el relacionado con una estadística que el autor menciona un tanto fríamente y es el que habla de la tasa de suicidios de mujeres en Afganistán. El dato es duro. Pero también me parece por otra parte un tanto hipócrita el compararlo con el dato de suicidios de hombres en el resto del mudo. Es decir, es cierto que es lamentable que el dato sea tan elevado en mujeres respecto a hombres y es además indicativo de una opresión intolerable pero, ¿por qué hay que dar por bueno el que las tasas de suicidios de hombres respecto a mujeres sea considerablemente más elevada, de hasta tres veces más?

Lo anterior no es óbice para resaltar el arrinconamiento de la mujer en la sociedad afgana (y en muchos o casi todos los casos en los países islamistas). Está claro que el régimen talibán fue cruel y despiadado, pero no dejó de ser una versión radical de algo que la sociedad afgana lleva dentro de sí, que es una sociedad profundamente patriarcal y misógina donde la mujer tiene un papel irrelevante por no decir nulo.

Cuando yo era estudiante creo recordar que en un libro de ética se preguntaba por la ética del supuesto sacrificio del que da su vida por los demás. Dicho de otro modo, ¿hasta qué punto se puede considerar superior a los demás un comportamiento del que da su vida por los demás si supuestamente el que lo hace también «disfruta» con ello? Aquí Alberto Cairo desmiente la idea del sacrificio y expone realmente el punto de vista de que realmente le agrada hacerlo. Es la satisfacción por la labor realizada frente a la moral cristiana de la abnegación y el sacrificio.

Miguel Ángel del Hoyo

Club de Lectura de Alumnos

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: