La chica de los siete nombres, de Hyeonseo Lee

La primera pregunta que me vino a la mente fue sobre la elección del número 7, ¿es algo propio de la autora y dando a indicar su confianza en las supersticiones? Tradicionalmente siempre se ha considerado el 7 como un número cargado de simbolismo. A lo largo del libro nos va explicando todos los nombres que tiene que adoptar pero aun así, la duda está ahí.

 

Sinceramente creo que este libro es lo más parecido que voy a leer o ver en mi vida de la traslación de la novela 1984 a la vida real. Teniendo en cuenta que 1984 se editó y publicó en 1948, y que el gobierno de Corea del Norte fue más o menos en esas mismas fechas, no es para nada descartable que se acabase inspirando en él a la hora de crear un régimen de culto al líder. Porque ya no es que al igual que en otros regímenes, retocasen la historia para adecuarla a la imagen que quieren proyectar (a fin de cuentas la historia siempre la escriben los vencedores). Es que directamente manipulaban toda la historia y como bien relata la “autora”, muchos norcoreanos se negaban a aceptar que durante toda su vida todo sus sistema de creencias se venía abajo porque era una colosal mentira.

 

O, por otra parte, el hecho de que todos prácticamente se denunciasen entre sí.

 

Antes he puesto “autora” porque me parece obvio que el libro no lo ha escrito ella sino el tal David John. Lo que no tengo claro qué parte es ficción y qué parte es real. Es decir, entiendo que toda la descripción del país y del culto a los líderes es real. Pero la historia personal de su huída no me queda clara. No sé si ha querido omitir detalles escabrosos (ella misma admite mentir para disimular o porque le da mucho pudor hablar de sí misma o sencillamente como ella misma dice, que pone la máscara) o que en algún momento ha querido dar detalles curiosos para hacer interesante la huida. Pero tanto en el tema del secuestro como el del enfrentamiento con la Matona me parecen escasos en cuanto a la información.

 

Volviendo al tema de la sociedad orwelliana, hay puntos que sencillamente parecen calcados:
  • Tenemos una sociedad totalitaria y colectivista.
  • Como individuo, perteneces al Estado. Y eres siempre y perpetuamente sospechoso de ser una amenaza para el Estado, en su papel de director de la sociedad colectivizada.
  • Los niños están perfectamente legitimados para denunciar a sus padres. Es una sociedad en la que todos se podrían y pueden vigilar y denunciar entre ellos. Pro no sé hasta qué punto esto se acababa dando o era algo que quería que quedase en la mente del lector siendo a lo mejor una ligera exageración, puesto que en otros momentos venían a decir que la familia era el único refugio que sentían que había.
  • El culto al líder o Gran Hermano es presente total y absolutamente. El hecho de que lo que se busque salvar del incendio sean los retratos de Kim Il-sung y Kim Jong-il antes que cualquier otra cosa y que encima sea algo premiado es demencial.
  • El país está en estado de guerra permanente. Con Corea del Sur y Estados Unidos. Que además, se alimentan de niños, etc. El Ministerio de la Paz y el de Información trabajando conjuntamente.

 

Dentro de las descripciones, lo que me parece más curioso es el tema de las castas. Quizás es la parte que más se diferencia de la novela de Orwell, pero es que además, parece aún más demencial. Adoptó el sistema hindú de las castas o quizás el de Aldous Huxley de Un Mundo Feliz, y crea una sociedad de premios y castigos en función de una especie de fidelidad al régimen a través del “songbun”.

 

Por contraste, el sistema absolutamente individualista que subyace, bajo el punto de vista de la chica norcoreana, en Corea de Sur hará que para muchos norcoreanos les sea muy complicado poder adaptarse y probablemente muchos busquen de algún modo la protección del Estado a la hora de proveerse de todo lo que necesitan. Es decir, y aquí creo que la autora plantea el problema de vivir en libertad o quizás como en el mito de la caverna de Platón, los hombres prefieren seguir viviendo en las sombras y la comunidad de la cueva y vivir en un sistema totalitario, en la que el poder te l“proporciona” la felicidad, antes que enfrentarse a la realidad y terminar de hallarla por tu cuenta. Por otra parte, esa felicidad debe venir entrelazada con los problemas de identidad proporcionados por el desarraigo, l que hace que la autora caba sintiendo una cierta disyuntiva. Como personas somos seres libres para actuar pero necesitamos sentirnos reconocidos dentro de un colectivo con el que compartir una serie de valores. Es la dualidad del hombre.

 

Miguel Ángel del Hoyo

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