El balcón en invierno, de Luis Landero

Un viaje introspectivo y autobiográfico. El título, plenamente metafórico, ya da a entender lo que nos vamos a encontrar. Como bien dice el autor, el balcón es un espacio intermedio entre lo público y lo privado; luego ya podemos ver que no sólo nos va a hablar de sus vivencias y lo conocido o público, pero también de sus pensamientos, de por qué actuaba, o privado. Y de hecho no falla, a medida que va explicando de manera “desordenada” sus vivencias, también va explicando el porqué.

Me pareció curioso el hilo conductor, si es que hay alguno que entiendo que sí. Me retrotrajo a las dos primeras películas de Quentin Tarantino (Reservoir Dogs y especialmente Pulp Fiction), en las que el montaje es bastante desordenado si bien vista la película en su conjunto, tiene su sentido. El autor viene a hacer aquí lo mismo, va saltando, pero como si lo hiciese en función de unos determinados recuerdos, lo que lleva a la idea de que lo va escribiendo todo según lo va recordando. Esta manera de redactarlo hace que el libro acabe quedando más natural respecto a lo que se conocen más habitualmente como unas Memorias, en las que el autor va explicando por orden cronológico lo que ha vivido.

Desde el primer momento el autor, a medida que va narrando su vida ya va explicando cómo él sentía que tenía que buscar su lugar en el mundo y que por lo visto era bastante diferente a lo que su padre tenía pensado para él. La presencia del padre, además, resulta bastante ominosa en toda la novela. Se percibe cómo su presencia, pero también su ausencia, marcan mucho al autor. No sólo por la frase de ser “un hombre de provecho” que lo manifiesta constantemente en la novela. Y también cómo la presencia “oscurecía” el ambiente. Puesto que sólo era cuando él se iba, que las risas y los juegos brotaban en la casa. Y con su vuelta, volvía el silencio.

Al final parece que la obra orbita en torno a la idea de que su vida cambia gracias (o a causa) de la compra de un libro, pero en general creo que la compra de ese libro simplemente hace que todo se fragüe. Es decir, entra más en contacto con el profesor, el cual le va proporcionando más lecturas y a su vez el autor, de esta forma, va asumiendo un cierto canon de la cultura occidental y de las obras que merecen ser leídas. Y si bien es lógica la existencia de un canon que sirva también de hilo conductor de las lecturas más “recomendables” considero aún mejor que juntamente con ese canon, haya otras lecturas (que el autor menciona de pasada pero que también le influyen, aunque solo sea para rechazarlas). Porque, si sólo se leen obras maestras, ¿cómo se va a saber apreciar a distinguir la belleza?

 

Miguel Ángel del Hoyo

Club de lectura de adultos

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