Microrrelatos premiados – Fiestas 2018

Categoría D – SECUNDARIA

PRIMER PREMIO: “NOCHE CERRADA”

Era una noche cerrada, desde mi ventana se podía presenciar una majestuosa luna llena.

Me metí a la cama exhausto tras un arduo día de trabajo, pero pronto me di cuenta de que me sería imposible conciliar el sueño, ya que la calefacción se estropeó ya hace más de una semana; por lo tanto la casa se había convertido en un auténtico iglú.

Tras revisar el móvil varias veces y confirmar que dormir me era imposible, decidí bajar a Tom a pasear ya que no lo había bajado en todo el día.

Monté en el ascenso. Estaba tan cansado que prácticamente no podía mantenerme en pie, crucé el rellano hasta abrir la puerta del portal ,solté a Tom y rodeé la manzana sin separarme más de cinco metros de él; gracias a La Luz de la enorme luna llena no lo perdía de vista .

Ya de vuelta a casa, me percaté de una cosa y es que hubo un momento en el que dejé de verlo.

Desde ese día, cada noche de luna llena me acuerdo de Tom.

 

Juan Ignacio Esteban Asenjo

 

SEGUNDO PREMIO:  “LLUVIA”

La lluvia caía fuerte y constante, sus pies, apenas cubiertos con unos calcetines algo rotos, estaban empapados, su pelo oscuro caía sobre su rostro haciéndole parecer un personaje de una película de terror, en su cara se mezclaban las lágrimas con las gotas de lluvia y su mirada no se despegaba del suelo.

Por su cabeza pasaban miles de recuerdos como si de una película se tratara, y no podía dejar de temblar, tal vez por el llanto, tal vez porque su cuerpo se congelaba poco a poco. No podía moverse, simplemente estaba ahí parada en medio de la carretera. Aún con los ojos cerrados dos grandes focos de luz la cegaron, miró al frente observo los dos focos, alzó la mirada hacia el cielo y

susurró: “gracias”.

 

Ana Pardo González

TERCER PREMIO: “GRIS”

Hoy amaneció gris, gris oscuro, plomizo, un gris muy feo que no me gustaba nada. Amenazaba lluvia. El mundo parecía estar triste. La tristeza me invadía, todo me salía mal y necesitaba liberarme.

Me fui a pasear por la playa con el paraguas bajo el brazo, intentando disolver mi amargura. Empezó a llover, primero cuatro gotas, después diluviar.

Estaba sola. Decidí volver cuando advertí algo brillante que las olas depositaban en la orilla. Sentí curiosidad y me acerqué, lo cogí. Era una vieja botella con lo que parecía un mensaje dentro. Lo abrí y resultó ser una nota con el siguiente mensaje manuscrito: “Hacen falta días malos para darte cuenta de lo bonitos que son el resto”.

Me hizo reflexionar. Debía cambiar mi forma de apreciar la vida. Ya no me pareció un día tan triste y la lluvia no me molestaba. El color gris no aparece en el arcoíris, pero también era bonito… pensé.

GRACIASa ese desconocido que puso el mensaje en la botella para que yo lo encontrara. Volví a casa con la energía renovada.

 

Sofía de la Iglesia Moreno

Categoría E – ADULTOS

PRIMER PREMIO: “LITURGIAS”

Tomó todos los botes de cristal vacíos que guardaba desde hacía años, los lavó y repartió por toda la habitación, sin ningún tipo de orden ni concierto, acomodándose en su silla giratoria colocó la foto de ella… abrió el primer bote con serenidad y acercó sus labios a la vítrea boca abierta.

Fue entonces cuando comenzó a enumerar todo lo que ella había supuesto en su vida, habló de su primer beso, del amor en general y particular, de las broncas y de todo lo que nunca se atrevió a decirle y cuando la madrugada rayaba el horizonte, cerró el primer bote, en la etiqueta caligrafió su nombre. Durante días, meses… cada noche, llenaba su bote correspondiente, como si de una liturgia se tratase, en un diálogo unipersonal donde se vaciaba para llenar.

Un día cualquiera, cargó todas las cajas en el coche y emprendió la marcha rumbo a las afueras de la ciudad, aparcó y fue vaciando lentamente el maletero.  Colocó cada bote entorno a su tumba y musitó unas palabras: “graciasya no te debo nada.”

Francisco J. del Hoyo

 

SEGUNDO PREMIO: “SINCERIDAD”

Lo tengo en las manos. La forma, el peso y la experiencia acumulada durante once largos años dejan poco margen a la sorpresa. ¡Ábrelo!, escucho. La voz llega lejana, amortiguada.
Recuerdo la primera vez. Aún no nos conocíamos. Los padres de Cris, dos sonrisas blancas y un inocente regalo. Detrás, ella, sus ojos brillantes. ¡Oh, Stephen King!, ¡gracias!, exclamé con la vista clavada en el coche de la portada. Estaba agradecido, no me planteé ser sincero.

Desde entonces, cada celebración recibo, inexorable, una nueva entrega. Demasiado tarde para volver atrás. Barajé diferentes opciones, ¡incluso intenté leerlos!, pero nunca había valorado confesar la verdad. Nunca, hasta este momento. ¡Ábrelo!, ¡vamos!, vuelvo a escuchar, ahora más alto, como si se me acabaran de destapar los oídos. El timbre de voz me resulta molesto, y nunca me ha gustado que me hablen en imperativo. Sujeto el paquete con ambas manos, levantó la vista y veo a Cris, sus ojos, donde ya no hay brillo. ¡Venga!, escucho, y empiezo a desenvolver el regalo sin prisa, en silencio, consciente de que no habrá ninguno más.

Jesús Ángel García

 

TERCER PREMIO: “NO ERA UN BUEN DÍA”

No, no era un buen día para salir huyendo. No, después de haber leído la nota que reposaba encima de la mesa de la cocina. Pero no pudo reprimir el impulso de coger las llaves, arrancar el  coche y salir a toda velocidad sin saber aún hacia dónde.

No, no era un buen día para salir huyendo, pero ahí estaba ella, conduciendo de manera inconsciente mientras su vida pasaba por su cabeza como fotogramas de una película: aquel amor adolescente que fue madurando hasta el “sí quiero”, el primer apartamento, modesto pero acogedor, sus primeros trabajos, sus ascensos profesionales, la casita unifamiliar, menos modesta y menos acogedora, el estatus social… y la nota encima de la mesa de la cocina.

¿Cómo no pudo darse cuenta? ¿Cómo no pudo verlo antes? Las lágrimas surcaban su rostro, como la carretera las montañas, y no la dejaron vislumbrar el camión tras la curva. Un fuerte volantazo y… Nada. Silencio. Tan solo, en la radio, María Dolores Pradera rasgaba el aire con su inconfundible voz: “gracias a la vida, que me ha dado tanto…”.

 

Mª Victoria Rodríguez

 

 

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