CLUB DE LECTURA
Marisol Olarte es una de las madres del colegio que forman parte del club de lectura de nuestra biblioteca. Decimos madres porque no hay ni un solo padre que pertenezca a él. Imaginamos que, al leer esto, alguno se animará…
Damos las gracias a Marisol por este artículo, por compartir con nosotros sus sentimientos y por aportar sus brillantes puntos de vista en las reuniones.
Este mes de febrero estamos leyendo Cinco horas con Mario de Miguel Delibes.
Acudir a las sesiones mensuales del club de lectura es
algo muy enriquecedor para mí a nivel personal porque estoy descubriendo autores y libros que no conocía; puedo expresarme con total tranquilidad ya que nadie es más que nadie y es un momento para compartir impresiones y escuchar las de los demás. Eso me permite ser más tolerante e incluso he llegado a hacer míos algunos comentarios y puntos de vista de otros participantes.
Ya no solo vengo al colegio para seguir de cerca los progresos de mis hijos, ahora soy yo la que resulta directamente beneficiada. Es además un ejemplo para ellos porque me ven contenta leyendo y disfrutando con la lectura, compartiendo y aprendiendo junto a otras personas.
Hasta ahora, de los libros que hemos leído y comentado, yo destacaría:
“Mi planta de naranja lima” (José Mauro de Vasconcelos)
“La sonrisa etrusca” (José Luis Sampedro)
“La estepa infinita” (Esther Hautzig)
“El último encuentro” (Sándor Márai)
“La impaciencia del corazón” (Stefan Zweig).
Me voy a centrar en este último porque es una novela psicológica que me ha impactado mucho.
Se publicó originalmente como “La piedad peligrosa”, un título muy acertado pero poco atractivo comercialmente. Imagino que por esa razón ha aparecido ahora como “La impaciencia del corazón”.
La maestría de Stefan Zweig hace que escoja las palabras adecuadas y las combine de forma tan perfecta que el lector se vea atrapado muy sutilmente en una encerrona de la que no puede escapar.
Los comentarios en este sentido fueron unánimes aunque a cada uno de nosotros nos impactó en distinta medida. A unos les sirvió para aprender que la piedad mal entendida puede ser tremendamente perniciosa y otros constataron que un “no” a tiempo evita males posteriores.
Quiero agradecer a Eva y Nacho que hayan impulsado esta actividad y a Manolo Andrés que nos traiga los libros de la Biblioteca Municipal Gonzalo de Berceo para cada sesión de lectura ya que nos ceden gratuitamente todos los ejemplares.
Fdo. Marisol Olarte Pascual
